1. Miramos tu día real
Qué se hace, quién lo hace y cuántas horas al mes se van en ello. De ahí sale una lista ordenada por lo que más te devuelve, no por lo que es más vistoso.
Presupuestos, facturas, informes, seguimientos y datos que alguien copia de un sitio a otro. Conectamos el proceso entero para que avance sin empujarlo, y tu equipo solo aparezca cuando de verdad hace falta.
Gratis · 2 minutos · te decimos también lo que no compensa automatizar
Ninguna de estas tareas dura mucho por separado. Todas juntas se comen la semana de alguien de tu equipo.
Empezamos midiendo, no programando. Si el número no sale, te lo decimos y no seguimos.
Qué se hace, quién lo hace y cuántas horas al mes se van en ello. De ahí sale una lista ordenada por lo que más te devuelve, no por lo que es más vistoso.
Tu correo, tus hojas de cálculo, tu programa de facturación, tu calendario. Se hablan entre ellos y el proceso avanza solo. No hay que cambiar de herramientas para empezar.
Los casos normales pasan solos. Cuando algo se sale de lo previsto, el proceso para y avisa a una persona. Nunca decide por su cuenta algo que puede costarte un cliente.
No es un plano ni un informe de consultoría. Es el proceso funcionando en tu negocio.
Montado, probado con tus datos de verdad y funcionando antes de que lo demos por bueno. Con sus excepciones contempladas, no solo el camino ideal.
Antes y después. Sabes qué te costaba esa tarea y qué te cuesta ahora, para poder decidir el siguiente paso con un número delante.
Los procesos cambian: cambias de proveedor, de tarifas o de forma de trabajar. Seguimos ahí para ajustarlo cuando pase, sin volver a empezar de cero.
Si algo de esto lo hace alguien a mano todas las semanas, ya sabes por dónde empezar.
Todo lo que se repite con las mismas reglas: pasar datos de un programa a otro, preparar presupuestos, emitir y enviar facturas, montar el informe del lunes, recordar citas o dar seguimiento a lo que enviaste. La regla es sencilla: si alguien lo hace igual todas las semanas, se puede automatizar.
Depende de cuántos programas haya que conectar y de cuántas excepciones tenga. Por eso empezamos midiendo las horas que se van hoy en esa tarea y las que quedarían después. Con ese número delante decides, y si no sale a cuenta te lo decimos igual.
No. Lo normal es conectar lo que ya tienes: tu correo, tus hojas de cálculo, tu programa de facturación, tu calendario. Cambiar de herramienta es la última opción, nunca la primera.
Casi todos las tienen. La automatización se ocupa de los casos normales, que son la mayoría, y cuando aparece algo raro para y avisa a una persona en lugar de seguir adelante. Nunca decide sola algo que no le corresponde.
No, le quita lo repetitivo. Copiar, pegar, revisar y reenviar se hace solo, y las personas se quedan con lo que necesita criterio: hablar con clientes, decidir y resolver lo que se sale del guion.
Sí, y es lo habitual. El chatbot atiende a tus clientes, el asistente responde a tu equipo y por detrás la automatización mueve los datos. Cada pieza hace lo suyo y se notan más juntas que por separado.
Cuéntanos cómo trabajas y te decimos qué se puede automatizar, qué te ahorraría y qué no merece la pena tocar. Sin compromiso y sin tarifas de consultoría.
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